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Chalecos amarillos : la urgencia democrática

Chalecos amarillos : la urgencia democrática

 
El movimiento “Chalecos amarillos” se destaca en muchos sentidos, especialmente porque las aspiraciones de una mayor justicia social parecen estar fuertemente asociadas a la expectativa de una profunda transformación de la democracia en todas sus dimensiones. El sistema institucional sin duda, pero también la representación de todas las categorías sociales e incluso las múltiples formas de participación democrática y la forma en que se asumen los intereses estructuralmente marginalizados están siendo cuestionados.

Como investigadoras e investigadores en ciencias sociales reunidos en el Grupo de interés científico “Democracia y Participación” nos vemos interpelados por lo que interpretamos como un llamado a una república más “participativa” y por prácticas dirigidas a su implementación cotidiana, entre ciudadanos y ciudadanas. Aunque no esté formulado en esos términos – la democracia participativa no es una reivindicación explícita- este llamado cobra forma, sin embargo, en el entrecruzamiento de proposiciones más o menos profundas estrechamente vinculadas: asamblea ciudadana, referéndum de iniciativas populares, debates descentralizados. Estas reivindicaciones democráticas -tanto su surgimiento como su estructuración a través del uso de redes sociales o la organización de asambleas populares-, testimonio de una profunda desconfianza frente a la representación y una aspiración de horizontalidad, no son en sí mismas novedosas. Lo que es más original, es el hecho de que no están llevadas a cabo por el pequeño círculo de sus promotores habituales. En otras palabas, mientras hemos observado y contribuido desde hace muchos años a experiencias participativas a menudo pensadas y practicadas de arriba hacia abajo, una forma de demandas sociales se expresa bajo nuestros ojos.

Sería tentador comunicar a los Chalecos Amarillos que los dispositivos participativos no escasean y que estamos dispuestos a proporcionarles las instrucciones para su uso. Sin embargo, esto implicaría ir en contra de nuestra postura como investigadoras e investigadores participativos, y seria pretensioso considerar que existen respuestas institucionales y procedimientos ya disponibles que correspondan a las expectativas democráticas de los chalecos amarillos; que no necesitamos sus propuestas, que bastaría con ampliar o generalizar lo que ya está hecho. Por añadidura, la aspiración a una vida democrática no puede cerrarse a unas pocas soluciones de procedimiento rápidamente digeridas. Sobre todo porque las múltiples experiencias participativas, por muy estudiadas e informadas que sean, muestran importantes limitaciones tanto en su capacidad para ampliar el espectro de "los que participan" como en su influencia real en las decisiones. En cambio, la observación y el estudio de los dispositivos, que las investigadoras e investigadores reunidos en el GIS llevan a cabo desde hace varios años, pueden proporcionar valiosa información no sólo sobre las oportunidades sino también los riesgos de lo que se construirá en las semanas y meses que vienen.

Tomada en serio, la participación conduce, en primer lugar, a abrir oportunidades reales para debates plurales, interpelaciones y propuestas para las ciudadanas y ciudadanos, garantizando su independencia fuera de los plazos electorales. Esto compete a todas las políticas públicas (en particular las económicas, fiscales y monetarias) en todos los niveles. Conduce, luego, a retomar la cuestión de cómo vincular esta democracia participativa con la democracia representativa, cuyos límites están bien establecidos en todos los niveles territoriales, desde la comuna hasta Europa. Además, la participación no debe conducir a deslegitimar otras formas de expresión o experimentación democrática, incluidas las que se expresan de manera radical.

Al respecto, nuestras investigaciones muestran que la vitalidad de las formas más conflictivas de interpelación son a menudo una condición necesaria para el desarrollo de mecanismos participativos, así como el resultado de decisiones que se ajustan mejor al estado real de nuestra sociedad. Por último, para ser creíble, la futura consulta debe estar rodeada de todas las garantías que se han identificado claramente (margen de maniobra política, recursos financieros y humanos consistentes, formas de animación neutrales e independientes, calendario realista, etc.). El cumplimiento de estas condiciones supone, como mínimo, garantizar la transparencia de los intercambios y un control democrático sobre el tratamiento, realizar síntesis e informes del inmenso material que se recopilará, así como mecanismos de retroalimentación sobre el uso que se hará del mismo en las decisiones públicas, justificando lo que se mantenga o no de las propuestas que se hagan en el debate.

Más allá de esta experimentación a la que estamos dispuestos a contribuir, reafirmamos la urgencia social, política y medioambiental de una vida democrática que condiciona la capacidad de nuestras sociedades para hacer frente a los desgarros que la atraviesan y afrontar los retos del futuro.

 
La dirección colegiada y el Consejo Científico del Gis “Democracia y Participación”